PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS DE LA CONCORDIA 1998

12.04.2023

ENTRE LA UTOPÍA Y EL DESENCANTO

La Escuela Apostólica San Agustín de Palencia, inició su andadura humana y vocacional en noviembre de 1947, hace 76 años. Una anécdota curiosa, me lo contó el P. Herminio, consejero provincial: cuando vinieron a Palencia a ver los terrenos para construir la Escuela Apostólica San Agustín, en donde está construida actualmente, el metro cuadrado valía 3 pesetas en el año 1943. En cambio, cuando volvieron en 1945, el metro costaba 5 pesetas y se hizo la adquisición.

Mi curso (León Diez, José Ortega, Miguel Fuertes Lanero…), la estrenó, todavía entre tablones, ladrillos y sacos de cemento. La Escuela Apostólica San Agustín, ha pasado por diversas etapas, distintos formadores, coyunturas, vicisitudes, pero eso sí, con un denominador común: Cierta intensidad humana, educativa, agustiniana, adaptada a los jóvenes, y, por tanto, soñadora, inventiva, creadora, con la mirada puesta en Jesús de Nazaret, como referente, como nos insistía aquel gran pedagogo, Fr. Paulino Marcos, de Buenavista de Valdavia, y autor “Con flores a María”.

Desde el principio prevaleció el sentido humanista, que impuso el primer director leonés, Fr. Florentino Díaz y aquel gran educador, Fray Miguel García Suazo.

En el año 1959, nos enviaron a Fray León Diez y a mí a estudiar al Salesianum a Roma, para adaptar posteriormente el Seminario Menor a los nuevos signos de los tiempos. Nos adelantamos al Concilio Vaticano II (1965), que, hablando de los Seminarios Menores, afirma que, a los adolescentes y jóvenes del Seminario Menor, deben ser tratados como los jóvenes que no están en el Seminario.

Dadas las innovaciones y los resultados vocacionales, nuestro Seminario Menor, se convirtió en un referente para otros seminarios. Fue obra de un equipo de agustinos, alentados por los provinciales Fray Isidro Martín, Fray Antonio Macía, Fray Leovigildo Tabernero Fray José López, con el ecónomo provincial Ildefonso Ramos, gran colaborador de la ampliación del Seminario Menor.

No puedo menos de hacer memoria de todos aquellos hermanos agustinos, que formamos el equipo educativo: Antonio Macía, León Diez, Mariano Moreno, obispo emérito de Cafayate, Serafín de la Hoz, Andrés Baciero, Pedro Miguel, Luis Sanz Urturi, Ramiro Rojo, José Villegas Ramón Fernández, Albino Fernández, Casimiro Rodríguez, Ceferino Aliste, Esteban Sánchez, Gerardo Ureta, Agustín García, Florentino Robles, Alfonso Turrado, Juan Ibáñez, Fray Leandro Vega, Fr. Paulino Moreno, Fray Francisco Castilla, Fray Pedro Castaño… Y posteriormente, Ángel Camino, Bonifacio Sobrino, José García Vega, Jesús María Reyes, Amado Llorente, Felipe Viciosa, Miguel Ángel Fraile, Eliseo López Bardón…

El objetivo era claro, formar personas humanas, cristianas y, si Dios les llamaba, agustinos, nos distinguíamos por la pasión e intensidad en dar calidad a la educación, al aprendizaje escolar, al deporte, a la iniciación a Jesús de Nazaret, todo en un contexto humano, cercano, educativo, agustiniano, en consonancia con la psicología y valores de los jóvenes.

Y quiero confirmar esto con dos datos. Los cinco años que fui Provincial de la Provincia del Santísimo nombre de Jesús de España, conocida como la “Provincia Nueva” (1973 - 1978), se ordenaron de presbíteros, 45 agustinos, en su totalidad provenientes del Seminario Menor de Palencia. El actual General de la Orden Fray Alejandro Moral y el Provincial de la Provincia de San Juan de Sahagún, única Provincia española de Agustinos, se formaron en nuestro Seminario Menor de Palencia, y también el ex Rector Magnífico de la Universidad Pontificia de Salamanca, Fray Marceliano Arranz y el actual obispo de Palencia, Fray Manuel Herrero Fernández.

Acabo de recibir una carta de un ex alumno, Ángel Romera Monte, que es bien expresiva y refleja la gran labor educativa, cristiana y vocacional del Seminario Menor de Palencia:

“Buenas tardes P. Nicolás, me llamo Ángel Romera Monte. Estudie en Palencia de 1969 a 1974. El motivo de este correo es mostrarle mi agradecimiento a usted y a todos los padres agustinos, que nos educaron aquellos años. No tengo más que palabras de agradecimiento, pues hicieron de nosotros no solo buenos cristianos, sino buenas personas, gente honrada y trabajadora. ¿Qué hubiera sido de mi vida si no hubiese podido ir al Seminario de Palencia a estudiar y formarme? Nosotros éramos una familia muy pobre. El mejor oficio de mi padre, fue el de portero de una finca en la Gran Vía Madrileña. Desde hace tiempo tengo una empresa con la que he podido dar una educación a mis hijos, los dos trabajan conmigo y he podido sacar adelante con sacrificio y trabajo a mi familia. En Palencia me inculcaron unos valores que hoy, con 65 años, mantengo y conservo: La honradez, el trabajo, el sacrificio, el amor al prójimo…Cada vez que paso por Palencia y lo hago muchas veces, porque tengo una casa en Asturias, en Ribadesella, veo el colegio y siento una enorme nostalgia y una gran tristeza. Nostalgia de aquellos años maravillosos que pasé en Palencia y tristeza porque veo el colegio vacío, sin vida, se me cae el alma a los pies. Gracias, gracias, gracias, un saludo, Ángel Romera Monte”.

Y  ahora  viene  el  desencanto.  Hace  bastantes  años  se  cerró  como  Colegio Seminario y se convirtió en una casa de acogida de agustinos mayores.

Pero tristemente, en el 2022, se cerró definitivamente nuestra casa de agustinos de Palencia. En mi última visita, en noviembre del 2022, solo encontré a Fray Fernando del Río, Prior, a Fray Abelardo Benito, ecónomo y a su madre.

Mi alma se inundó de lágrimas, tristeza y nostalgia. En esta ocasión, no solo las personas pasan, sino también las obras. Pero a Dios sean dadas las gracias.

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