
Lo que aprendí lejos de casa. Judit Llorca Pedrós (Alcoi, España 2025)
Santa Cruz de la Sierra, ubicada en Bolivia, está a 11 horas en avión de Madrid. Con tres maletas y preparada para la nueva aventura, embarco en el avión y me siento en mi asiento del medio. Nada más sentarme, las dos mujeres mayores bolivianas a mi lado empiezan a hablar sobre sus viajes. Como yo estaba en medio, les ofrezco cambiarme para que se sienten juntas y estén más cómodas. Ellas me miran un poco raro y, tras un rato, aceptan. No entendí esta reacción hasta que vine a este nuevo país y conocí la cultura de su gente.
Estas dos señoras no se conocían de nada, para mi sorpresa, solo estaban hablando entre ellas porque así son los bolivianos: amables, altruistas, bondadosos y serviciales. Personas que, aunque no te conozcan de nada, te van a dar lo que necesites sin pedir nada a cambio. Personas que te van a abrir su casa y te van a dar de comer aunque tú no lo pidas.
Bolivia es un país de gente resistente, con una política y economía inestables, con problemas de violencia callejera y una policía corrupta. Es por eso que, frente a todos estos problemas, su población ha aprendido que deben apoyarse entre ellos y que nadie se queda atrás.
Durante mi primer mes en el voluntariado con la Fundación Hombres Nuevos, aprendí que, aunque tuviese miedo porque era un gran cambio cultural y había situaciones que aún no podía llegar a comprender por falta de contexto, siempre iba a poder contar con la gente a mí alrededor. Si me faltaba un boliviano (0,10 céntimos) para agarrar el micro (el bus), un señor mayor me lo prestaba. Si no sabía si el jugo de tamarindo estaba hecho con agua del grifo, una vecina que pasaba por ahí me ayudaba hasta encontrar uno que pudiese beber en el mercado. Si me equivocaba de bus y terminaba en un polígono a las afueras de la ciudad, el autobús entero me tranquilizaba y me ayudaba a encontrar otro que me dejase en mi casa.
Es por eso que mis primeras semanas en Bolivia fueron un ajuste inmenso a otra realidad, no porque fuese Sudamérica y yo solo hubiese estado en Europa, sino porque no estaba acostumbrada a que completos extraños me ayudasen en mi día a día y tuviesen un corazón tan grande.
